Huellas que siguen haciendo camino
Carlos Rodríguez
04 de Abril de 2025
-SÉPTIMA Y ÚLTIMA PARTE-
93 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE ALEJANDRO GASCÓN MERCADO
Alejandro estableció una sociedad comercial con el Periodista
Yucateco Mario Menéndez Rodríguez, para fundar un semanario
llamado Por Esto, con anterioridad Mario había sido Director de la
revista llamada Por qué? de carácter político, en ella documentó
como nadie, las guerrillas de Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas
Barrientos. Así mismo el movimiento estudiantil de 1968, la matanza de
Tlatelolco y temas que otros diarios no se atrevían a tratar. Mario
tenía fama por ser el primer mexicano que entrevistó al Comandante
Fidel Castro después del triunfo de la Revolución Cubana.
El intento de esta nueva empresa editorial dio buenos resultados, a
ella se sumaron como periodistas Paquita Calvo y Tatiana Coll. Varios
de nuestros dirigentes del Partido colaboraban como corresponsales
en los Estados de la República, recuerdo a Ricardo Torres Ortega en
el Estado de Campeche. Los talleres se encontraban por el rumbo de
Azcapotzalco. A pesar de la buena marcha y aceptación de la Revista,
un día Alejandro y Mario decidieron terminar con la relación comercial,
creo que el carácter de ambos contribuyó a terminar con la empresa.
En otras ideas comentaba Alejandro, que Arturo Gamiz había
pertenecido a la estructura juvenil del Partido de Lombardo Toledano,
organización de la que en aquellos momentos Alejandro era el
dirigente nacional y nunca aprobó una vía armada para resolver los
problemas del país, respetó el Asalto al Cuartel Madera y lamentó
profundamente la muerte de este valioso grupo de combatientes.
Alejandro como miembro del Partido Socialista Unificado de México
participó en la campaña a Presidente de la República en el año de
1982, aunque no fue el candidato su colaboración fue muy importante,
recorrimos buena parte de la geografía mexicana promoviendo el voto
para Arnoldo Martínez Verdugo. Culminó la campaña en el Zócalo de
la ciudad de México con la intervención de Alejandro en el mitin
central, exclamando la frase “ZÓCALO ROJO”, que penetró en la
conciencia de miles de mexicanos.
Todos los hogares de sus compañeros partidarios en la República
tenían una particular preferencia. Por ejemplo, la Casa de la
Compañera Chela Romo y su familia en la ciudad de Mexicali, B.C,
después de la reunión se organizaba una excelente convivencia con
sabrosa comida y exquisita música interpretada casi siempre por una
extraordinaria pareja de profesores. En Monterrey la compañera
René Echartea se encargaba de recibir a Alejandro siempre con una actitud
muy fraternal. En Sinaloa la Maestra Aidé Cano, Efraín Benítez, la
Maestra Irasema Galindo, Adolfo Salazar, los profesores Juanito y
Cata de Los Mochis, Marcial Rodríguez, Salgado líder campesino,
Wilfrido Cervantes en el Rosario, eran magníficos anfitriones y
dirigentes.
En Tijuana nos llenaban de atenciones, una extraordinaria mujer Doña
Eva, quien era dirigente de un importante grupo de demandantes de
lotes en la zona del Río.
Sin embargo, su pueblo Aután y Tuxpan, Nayarit, fueron refugio de
intenso regocijo. En Aután se reunía con amigos de un grupo musical
llamado “El Agarrón” y recorrían el poblado tomando cerveza Pacífico
y cantándole a los amigos. En Tuxpan, llegaba a la casa del Profesor
Manuel Ibarra López y junto con otro Profesor Pablo Pérez Ulloa y
demás compañeros se organizaban para degustar sabrosos
mariscos, conversar ingerir bebidas y cantar durante largas horas.
Hasta el final Alejandro conservó su enorme lucidez y capacidad de
síntesis que le permitía realizar un riguroso análisis científico de los
hechos. Alejandro miraba siempre a los ojos de las personas con
mucha atención, y si había confianza las sujetaba del brazo.
Los últimos años de la vida de Alejandro, sabemos que fueron muy
difíciles por problemas de su salud, afectada principalmente por la
Diabetes, que le impactaba fuertemente en el funcionamiento de sus
riñones, a pesar de haber sido atendido por personal médico de
primer nivel en México y en Cuba, llegó tarde esa atención, eran muy
frecuentes sus ingresos como paciente a la clínica número uno del
Instituto Mexicano del Seguro Social de la capital Nayarita, donde era
atendido por un prestigiado profesionista de la salud y un equipo de
enfermeras bastante competentes y afectivas, con quien Alejandro sin
darle tanta importancia, a sus terribles males, organizó un grupo de estudio
dentro del hospital, para comentar los problemas del país y
del estado. Ya en esa desmejorada situación, me solicitó le donara
uno de mis riñones, para mí fue una extraordinaria deferencia, el
tiempo no lo permitió, hubiera sido de gran emoción personal que una
parte de mi estuviera reposando junto con Alejandro en La Ceiba.
Tengo la confianza de que llegará el momento en que exista un
amplio y real reconocimiento a este nayarita excepcional, y que otros
mexicanos estudiarán, investigarán y escribirán obras verdaderamente
abarcativas y profundas relacionadas con el ideario y militancia
política de un hombre en toda la extensión de la palabra. No basta
con que su nombre esté inscrito en un muro de personajes ilustres
dentro del Congreso del Estado, ni que un canal de riego lleve su
nombre. Finalmente me quiero referir a una conversación con
Alejandro, era frecuente hacerlo en especial si viajábamos únicamente
los dos. Recorriendo alguna de las carreteras del país me dijo: “ojalá
que el Socialismo nunca de instaure en México” sorprendido le
pregunte porqué, y categórico contestó para nunca dejar de luchar,
quiero hasta el último de mis días contribuir a crear las condiciones
para que nuestro país cambie, se transforme.
Así fue Alejandro, así quiso vivir, fundido en sus ideales a los que
jamás renunció por esta razón todavía en las plazas públicas de las
poblaciones nayaritas se escucha su portentosa voz diciendo: “HASTA
LA VICTORIA”, “HASTA LA VICTORIA”.
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