Refundación o reformismo en el Peje estado mexicano
Octavio Camelo Romero ·
9 de julio, 2018 ·
Hace 2848 días
Cuánta razón tuvo Margaret Thatcher cuando en 1981 aseveró que la economía es el método y el objetivo es cambiar el corazón y el alma de las personas, esto es, modificar los sentimientos, emociones, conocimientos y comportamientos de las personas. Para tal efecto, se debe construir un nuevo orden moral a través del cual las relaciones sociales estén basadas en reglas y principios.
El problema con el “neoliberalismo” es que suple la solidaridad, el colaboracionismo, el colectivismo, etc., por el individualismo, el egoísmo, el eficientismo, etc., como cimientos de las relaciones sociales y de la relación del Estado con la Nación. Estos principios ideológicos neoliberales conducen necesariamente a la corrupción con la consecuente impunidad, a la desregulación del Estado de la vida económica de la sociedad, a la suplantación del interés social por el interés económico del capital, etc.
Los estudios con el enfoque de “costo-beneficio” tienen como su punto de partida la creencia de que los mercados son eficientes. Por eso buscan comparar el costo de cualquier acción o regulación con los beneficios del mercado sin ninguna restricción. La conclusión ya se sabe de antemano: es pertinente una mínima acción o regulación para no perjudicar al eficiente mercado.
Sin embargo, como el propio AMLO lo divulgó en su campaña, este régimen político ya caducó, está lleno de injusticias, hay que cambiarlo. Y las elecciones del domingo 1ero de julio del 2018 demostraron que la mayoría del electorado rechaza este sistema político y prefiere la construcción de un Estado democrático, comprendió que corrupción, impunidad y neoliberalismo son una y la misma cosa. No se puede acabar de raíz la corrupción, la impunidad y la violencia si se deja al neoliberalismo y a su ideología.
Empero, dado el planteamiento de Andrés Manuel López Obrador de llevar a cabo “un cambio verdadero” en el país, surge una necesaria pregunta: ¿El cambio será una refundación o un reformismo del Estado Mexicano? Por lo pronto las etnias o las “naciones” indígenas no existen para el Estado Mexicano desde los tiempos en que se formó y transformó.
Es pertinente se plantee y replantee la cuestión de la multinacionalidad y multiculturalidad del Estado Mexicano. Recordemos que las cuestiones constitucionales más que jurídicas son políticas; versan sobre el reconocimiento de la existencia de las diferentes nacionalidades y de la manera en que se organiza y ejerce el Poder público. Las normas jurídicas representan las relaciones de Poder realmente existentes dentro y entre las nacionalidades y grupos sociales que componen la población del Estado al que constituyen. Sin embargo la centenaria Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ignoró la existencia de las naciones indígenas y no las contempló en su cuerpo normativo. No obstante que la elaboración de la constitución estuvo marcada por los planes y programas de lucha del Partido Liberal Mexicano, del Partido Antirrelecionista, del Ejército Libertado del Sur y del Ejército Constitucionalista, entre otros. Entre otras cosas aprovechemos la ocasión para definirnos como multinación. En fin
El problema con el “neoliberalismo” es que suple la solidaridad, el colaboracionismo, el colectivismo, etc., por el individualismo, el egoísmo, el eficientismo, etc., como cimientos de las relaciones sociales y de la relación del Estado con la Nación. Estos principios ideológicos neoliberales conducen necesariamente a la corrupción con la consecuente impunidad, a la desregulación del Estado de la vida económica de la sociedad, a la suplantación del interés social por el interés económico del capital, etc.
Los estudios con el enfoque de “costo-beneficio” tienen como su punto de partida la creencia de que los mercados son eficientes. Por eso buscan comparar el costo de cualquier acción o regulación con los beneficios del mercado sin ninguna restricción. La conclusión ya se sabe de antemano: es pertinente una mínima acción o regulación para no perjudicar al eficiente mercado.
Sin embargo, como el propio AMLO lo divulgó en su campaña, este régimen político ya caducó, está lleno de injusticias, hay que cambiarlo. Y las elecciones del domingo 1ero de julio del 2018 demostraron que la mayoría del electorado rechaza este sistema político y prefiere la construcción de un Estado democrático, comprendió que corrupción, impunidad y neoliberalismo son una y la misma cosa. No se puede acabar de raíz la corrupción, la impunidad y la violencia si se deja al neoliberalismo y a su ideología.
Empero, dado el planteamiento de Andrés Manuel López Obrador de llevar a cabo “un cambio verdadero” en el país, surge una necesaria pregunta: ¿El cambio será una refundación o un reformismo del Estado Mexicano? Por lo pronto las etnias o las “naciones” indígenas no existen para el Estado Mexicano desde los tiempos en que se formó y transformó.
Es pertinente se plantee y replantee la cuestión de la multinacionalidad y multiculturalidad del Estado Mexicano. Recordemos que las cuestiones constitucionales más que jurídicas son políticas; versan sobre el reconocimiento de la existencia de las diferentes nacionalidades y de la manera en que se organiza y ejerce el Poder público. Las normas jurídicas representan las relaciones de Poder realmente existentes dentro y entre las nacionalidades y grupos sociales que componen la población del Estado al que constituyen. Sin embargo la centenaria Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ignoró la existencia de las naciones indígenas y no las contempló en su cuerpo normativo. No obstante que la elaboración de la constitución estuvo marcada por los planes y programas de lucha del Partido Liberal Mexicano, del Partido Antirrelecionista, del Ejército Libertado del Sur y del Ejército Constitucionalista, entre otros. Entre otras cosas aprovechemos la ocasión para definirnos como multinación. En fin