Tepic, Nayarit, jueves 27 de enero de 2022

Truculenta historia

Oscar González Bonilla

12 de mayo de 2015

Mejor clamo misericordia para el señor Gilberto Flores Alavez por soportar durante 37 años ese pesadísimo cargo de conciencia que para él representa el asesinato de sus abuelos paternos don Gilberto Flores Muñoz y doña Asunción Izquierdo Albiñana, con premeditación ocurrido el 6 de octubre de 1978.

El bestial asesinato tiene un asqueroso tufo a uranismo, lo que deriva en venganza. Lo anterior dicho con base en los relatos periodísticos que publicó Vicente Leñero en su libro “Asesinato, el doble crimen de los Flores Muñoz”.

Sostiene el recientemente fallecido escritor que supuestamente don Gilberto Flores Muñoz mandó asesinar a Hugo Margáin Charles, con quien Quile (así nombran en familia a Gilberto Flores Alavez) tenía una íntima amistad, rumor que el señorito negó. Dizque la compañía de este personaje, hijo de Hugo B. Margáin, ex secretario de Hacienda federal, molestaba sobremanera a don Gilberto.

Es causa de admiración que el señoritongo siempre anduviera acompañado por un grupo de varones, nunca de mujeres, según el libresco relato. Añade: “Igualmente señaló (la sirvienta Agustina Güero Marcos) que a don Gilberto Flores Muñoz no le gustaban las compañías de su nieto, y cuando encontraba en su casa al grupo de jóvenes él mismo les pedía que se despidieran”.

Esta misma mujer en su declaración ministerial asentó que “los hermanos regañaban mucho al mayorcito Gilberto porque siempre contestaba mal a sus abuelitos”.

El 12 de octubre, 5 días después del suceso, Gilberto Flores Alavez se confesó culpable de haber asesinado cruelmente a machetazos a sus abuelos, lo dijo ante el procurador Agustín Alanís Fuentes.

El director del Servicio Médico Forense (doctor Ramón Fernández Pérez) asentó que “el autor del doble crimen, primeramente, es un enfermo mental, sicópata, agresivo, que ya tiene instintos de matar”.

“Ahora bien –dijo-, una persona así se vuelve más peligrosa cuando utiliza alguna droga; no se puede tratar de un hombre fuerte porque los golpes son superficiales” (los entre 6 y 8 machetazos que recibieron Gilberto Flores Muñoz y Asunción Izquierdo, el primero mientras dormía a pie tirante, no así la segunda quien alcanzó a defenderse del ataque).

Anacarsis Peralta Torres, joven estudiante de Arquitectura de 21 años de edad, declara a la prensa: “Lo que estoy viviendo –manifiesta con un dejo de amargura- me ocasiona mucho daño. Es como la muerte.

“Hubiera preferido –confiesa tímidamente- hacerlo yo. Sufriría menos si fuera yo quien afrontara esta situación. Usted debe comprenderlo (dirigiéndose al entrevistador Evaristo Corona Chávez, reportero de La Prensa), Gilberto es parte de mi vida”.

Continúa la exposición: En todo momento Anacarsis Peralta proyecta una imagen de dolor más que de tristeza, de frustración más que de resentimiento.

“Es algo inexplicable, dice, no puedo creerlo”.

Quien habla es la única persona que anticipadamente conoció el proyecto de dar muerte a los esposos Flores Muñoz, aunque se resistía a creerlo, más bien lo tomaba –o al menos así quería entenderlo- como una broma. El tiempo le demostró que estaba en un error.

Hasta aquí el extracto de lo escrito por Vicente Leñero en la obra antedicha, quedó para la posteridad por el trabajo con rigor periodística, aunque no exento de errores y algunas inexactitudes. Sin embargo, es un trabajo meritorio por el tratamiento del tema que sacudió conciencias en todo el país, pero de mejor manera la de los nayaritas.

Sí, pido misericordia para Gilberto Flores Alavez por el enorme peso del sentimiento de culpa soportado a lo largo de 37 años. Es la razón que ahora pretenda reivindicar la figura de su abuelo asesinado al argumentar que don Gilberto Flores Muñoz es un prócer de México a quien todos los mexicanos, pero sobre todo los nayaritas, estamos obligados a loar.

Para él, don Gilberto Flores Muñoz en descargo debe ser homenajeado porque como secretario de Agricultura en el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines elevó a porcentajes insospechados la producción agrícola del país, pero en breve el payaso Cepillín recibirá del Senado de la República reconocimiento porque en 45 años de trayectoria también ha hecho mucho por México.

Cierro el capítulo Gilberto Flores Alavez, cuyo proceder no me concita repugnancia sino conmiseración. Ejemplo vívido de desadaptación social, junior deslumbrado por el falaz poder del dinero, de vida insulsa al que no reconozco más mérito que haber sido partícipe en crímenes nefandos que en mucho agraviaron a la sociedad de este país.

Gilberto Flores Alavez no ha destacado por su trabajo literario, como sí la abuela Asunción Izquierdo Albiñana; ni por asomo siquiera ha trascendido en política. Es una cosa echada a perder, hundido en la mediocridad y podredumbre de los fuegos fatuos. ¡Ah, como le encuentro semejanza, por sus poses de diva, al jotito Enrique Alvarez Félix! Bueno, cuando menos este fue actor.

El ser humano es capaz de todo, principalmente de lo peor.

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