Tepic, Nayarit, domingo 25 de julio de 2021

Amarga experiencia

Oscar González Bonilla

27 de Febrero de 2015

Simón Bolívar lo dijo, el Ejército que vuelve las armas contra su pueblo, es un Ejército traidor. Y justamente eso es lo que representa el Ejército mexicano, un Ejército traidor que no sirve a la Patria, ni con rectitud, ni mucho menos con honestidad.

Es la entrada al artículo de Sanjuana Martínez que provocó  enchinar la piel y erizar el pelo por lo que se dice del ejército, institución en otros tiempos que no se debía tocar en comentarios periodísticos ni con el pétalo de una rosa.

Y continúa la destacada reportera: “Fue creado para repeler las agresiones o invasiones de ejércitos enemigos, pero en su historia reciente, lejos de defender a los mexicanos, el Ejército nacional ha servido para participar en represiones o masacres contra su propio pueblo.

“Históricamente el Ejército mexicano ha estado involucrado en hechos de violencia: Tlatelolco, Jueves de Corpus, Acteal, Aguas Blancas, Atenco… y recientemente Tlatlaya y Ayotzinapa”.

Al recuerdo vino uno de los tantos sucesos ocurridos en mi existencia, hoy pretendo darle vida.

Corría el año de 1996, meses antes, en diciembre de 1995, había sido despedido como director de noticiarios y conductor del programa estelar nocturno del canal de televisión local XHKG por intervención directa de funcionarios del gobierno de Rigoberto Ochoa Zaragoza, molesto éste por la forma del manejo informativo. Junto con Armando Fránquez Villaseñor, Enrique Berúmen y Héctor Gabriel Velázquez decidimos abrir el canal de información a voces e imágenes de gente del pueblo, hacer periodismo comprometido socialmente, pues.

Mi despido ocurrió el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, por ello de entrada pensé que sería una broma, pero no, el gerente de la empresa televisiva, José Inés Cristóbal, con su cara de asiático como de muerto fresco, me dijo que era en serio, al siguiente día, temprana la mañana, recibí en mi casa una llamada telefónica de Edgar Rafael Arellano Ontiveros, propietario y director general del periódico Express de Nayarit, quien me preguntó: ¿Y ahora que vas a hacer? Aún no sé, le respondí. No le hagas al pendejo y vente a trabajar conmigo, aquí tienes las puertas abiertas, siguió. Y sin pensarlo dos veces allá voy.

En esos primeros meses de 1996 se urgía a la Asociación de Profesionales de la Comunicación de Nayarit (APROCON) presentar al PRI estatal candidato a síndico para el Ayuntamiento de Tepic. La primera liderada por el desaparecido periodista Pedro Pulido Alegría y el segundo por el profesor Filiberto Delgado Sandoval. Fue entonces que se citó a los miembros de la organización periodística que aglutinaba a los mejores reporteros de esa época para realizar asamblea electiva.

Se realizó la parafernalia en el local que ocupaba la organización por la calle Veracruz después de Mina, por cierto finca propiedad de la extinta pintora Emilia Ortiz. Se efectuó la elección con los candidatos Francisco Javier Ocampo Mondragón y su servidor, misma que al final del conteo una por una las papeletas gané por un solo voto de diferencia.

Casualmente por esos días en una de las calles de Tepic encontré a José Félix Torres Haro, quien para ese entonces era diputado y presidente del Congreso del Estado, y le comenté de mi triunfo en la elección interna de la APROCON, por tanto yo sería propuesto candidato a síndico en la planilla priista al Ayuntamiento de Tepic que el propio Torres Haro encabezaría como candidato a presidente municipal. Estuvo de acuerdo, es más, hasta me felicitó.

Una vez palomeado por el presidente del comité directivo estatal del PRI, Filiberto Delgado, me dispuse a rendir protesta en compañía de todos los candidatos de ese partido a los diferentes cargos para esa elección intermedia de nuestra entidad, acto que se llevó a cabo en el palenque de la Feria ante la representación partidista nacional. A los días, como es costumbre por ley, se publicó en el Periódico Oficial, órgano del gobierno del Estado de Nayarit, la relación de los candidatos de todos los partidos políticos. Gustoso allí encontré mi nombre.

En ese ínter, ocurrió que tres periodistas nuestros eran instigados por instancias castrenses. Se les señalaba tener una supuesta relación con el narcotráfico, incluso de saber que el jefe de la treceava zona militar con sede en Tepic había hecho tratos con el “Chapo” Guzmán.

Al General, alto mando de la zona en aquel entonces, llegó a través de un anónimo el conocimiento de estos chismes. Todo fue urdido, ahora se sabe, por personajes del gobierno de Rigoberto Ochoa Zaragoza, uno de los cuales, al menos, intervino para que a mí me corrieran del canal de televisión local.

Para precisar datos me entrevisté con dos de los reporteros afectados, quienes no sólo me pidieron sino exigieron no fueran nombrados en estos comentarios. Uno de ellos, con nudo en la garganta negó revivir aquel negro episodio. Fue él sacado de cantarito de la redacción del periódico donde trabajaba por un piquete de soldados, arrestado y mantenido en cautiverio militar por espacio de tres días, en la práctica estuvo secuestrado.

Tuve entonces la decisión de entrar en defensa de mis compañeros de oficio, estimados por mí, con un comentario en los medios. En principio rechacé la arbitraria acción del ejército provocada por un alto militar. Indignó saber que eran perseguidos y obligados a declarar en la misma comandancia de la treceava zona militar. Reproché a los militares que muy equivocada estaba su medida, los reporteros nuestros jamás han tenido relación con narcotraficantes, muchos menos que se dedicaran a esa ilícita actividad. No es por ahí, busquen por otro lado, reclamé.

Luego entonces, muy cercano estaba el tiempo de arranque de campañas de proselitismo de los partidos políticos con miras a las elecciones intermedias para renovar ayuntamientos y congreso local. Es cuando me entero a través de la columna de un periódico a colores de nuestra capital que de buenas a primeras se tomó la determinación de quitarme la candidatura a síndico del ayuntamiento.

De inmediato me dirijo al diputado José Félix Torres Haro, quien en ese momento se hallaba en sesión. Me acerco a su curul y pregunto si es verdad tal decisión. Bueno, me contesta, es que tú tuviste problemas con el ejército, hablaste muy mal de la institución en alguna ocasión. La dije que no, sólo hice la defensa de mis compañeros.

No entró en razones cuando después hablamos en corto, la decisión estaba dada a favor de Fernando Soria Jiménez –ojalá no me equivoque en el nombre ni en los apellidos- incondicional de Agueda Galicia en el comité del SUSTEM. Como la lideresa sindical y Torres Haro formaban parte del mismo equipo político, pensé que José Félix había decidido separarme para cumplir compromiso con Agueda. En la actualidad Torres Haro confiesa que fueron órdenes del gobernador Rigoberto Ochoa Zaragoza.

Terminó así la cuota de poder que el PRI concedió como por 40 años al sector de los periodistas.



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