Tepic, Nayarit, jueves 27 de enero de 2022

Vale pues

Oscar González Bonilla

06 de julio de 2013

Ha muerto don Francisco Javier Ocampo Mondragón, sólo le faltaron tres meses para llegar a los 60 años de edad. Con sorna decía que él nació el día de San Bartolo, el 24 de agosto, festejo que la mayoría de los años fue de órdago, libar era un contento.

Pesa en verdad la partida de un amigo, en mi caso más que eso: compadre. Desde que supe la noticia de su fallecimiento la noche del 31 de mayo, constantemente han venido a mi memoria recuerdos de gratos momentos que vivimos juntos, sobre todo aquellos que fueron acompañados de libaciones, a las que tanto fuimos afectos.

Pero también tengo presencia en la mente de las intensas jornadas de trabajo periodístico en la radio que realizamos juntos en Notisistema, comandados ambos por Rogelio Zúñiga Escobedo. De allí don Paco Ocampo alzó el vuelo para darle vida a Infornay en la radiodifusora XERK de don Jorge Mondragón González, donde nuestro ilustre personaje hoy desaparecido físicamente entregó lo mejor de su experiencia que empezó a cosechar en mayo de 1972, cuando como reportero ingresó al periódico El Tiempo de Nayarit de don Jesús López Becerra.

Corría la década de los ochentas, precisamente ambos éramos reporteros de Notisistema, pero él alternaba trabajo en el periódico La Voz de Nayarit que el chaparro Marco Antonio Casillas tenía en la esquina de Zacatecas y Guerrero de Tepic, cuando me convenció don Paco Ocampo que redactara nota roja para dicho diario.

Llegó la primera quincena y fuimos juntos a cobrar, pero el chaparro Casillas nos salió con la terrible idea de que todos los reporteros deberían ir al citado domicilio para allí redactar sus notas, de lo contrario deberían darse por despedidos. De esa manera me echó del trabajo, ya que me negué porque Notisistema requería todo mi tiempo.

Para colmo, cuando regresé a la oficina de Notisistema, por ese tiempo en el tercer piso del edificio Vargas de Puebla y Amado Nervo, me esperaba una hija del “Extralargo”, Rafael García Casas, muchos años atrás también dedicado al periodismo, quien había sido compañera en la preparatoria Del Nayar, misma que fácilmente me envolvió para que le prestara dinero, le entregué justo lo que por una quincena me había pagado el chaparro Casillas.

Esta anécdota jamás se me olvidará, ya que fue el primer despedido en mi vida laboral. El segundo fue cuando el gobernador de Nayarit (1993-1999), Rigoberto Ochoa Zaragoza, ordenó mi cese como director de noticiarios y conductor del programa nocturno de noticias Al Momento de la empresa XHKG. No le gustó diéramos participación en la televisión a personas del pueblo que de continuo se quejabann de arbitrariedades y abusos de autoridad del gobierno del cetemista. Me reprimieron porque desde entonces ya era reportero de la gente. El dinero que presté, aún estoy en espera me sea retribuido.

Pero mejor voy a transcribir lo que de don Paco Ocampo redacté en febrero anterior:

Visité en su particular domicilio de avenida P. Sánchez casi esquina con Zaragoza, en Tepic, a mi compadre Francisco Javier Ocampo Mondragón, para muchos simplemente Paco Ocampo, hoy que se encuentra muy disminuido de su salud física, pero espiritualmente reconfortado por descendientes, familiares y amigos.

Don Paco Ocampo y yo trabamos amistad más allá de la mitad de la década de los setentas, precisamente por estar ambos dedicados al periodismo. Él inició su carrera de reportero en mayo de 1972 en el periódico El Tiempo de Nayarit, yo en mayo de 1973 en el Diario del Pacífico. Desde aquel tiempo tan lejano la convivencia fue constante.

Pero quiero hablar de él, quien a pesar de veinte kilos de peso menos y lo grave de su enfermedad (cáncer hepático), conserva el gusto por el chascarrillo, del que toda su vida fue muy afecto con la gracia de quien sabe decirlo. De eso y muchas cosas más platicamos, aunque en ocasiones su voz suena apagada. Reportero de los buenos, incansable en la búsqueda de la noticia, redactor forjado al golpe de máquina mecánica sin descanso, todos los días. Con certeza puedo decir que es uno de los periodistas más completos de Nayarit, dejó huella en los medios escritos, de imagen y oral.

Don Paco Ocampo, bajo el amparo y la inspiración de haber obtenido primer lugar estatal en ortografía cuando cursó la secundaria en el Colegio Cristóbal Colón, se tiró a buscar un lugar como reportero en El Tiempo de Nayarit, mismo que se lo pidió al propietario y director del periódico don Jesús López Becerra, quien aprobó iniciara como aprendiz para cubrir información de nota roja, género que en aquel entonces marcaba el comienzo de todo reportero, según apreciación de don Paco.

Es considerado Paco Ocampo como el cabecilla del primer y único paro laboral en nuestra entidad que realizó en los primeros años de la década de los ochenta la planta de reporteros del periódico El Observador de Nayarit, empresa editorial con sede en Guadalajara, Jalisco, por fuertes desavenencias, derivadas de despidos injustificados, con la gerencia local.

Tiene la virtud de haber transmitido enseñanzas iniciales de reporteo, básicamente, en El Observador de Nayarit a Consuelo Sáizar Guerrero, quien fuera titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) en el gobierno federal anterior del panista Felipe Calderón, y a Jorge Enrique González Castillo, Psicólogo de profesión egresado de la UNAM, consultor, editor y destacado opinador en diarios de la localidad. Más tarde, en el periodismo radiofónico hizo escuela, de él recibieron aprendizaje cantidad de jóvenes.

Pero también debo destacar que don Paco Ocampo es el primer reportero televisivo. Contratado por la empresa del canal local XHKG, en 1987 cubrió casi la totalidad de la campaña de Celso Humberto Delgado Ramírez, candidato del PRI a gobernador de Nayarit. De las actividades de proselitismo político, realizaba programas de media hora de transmisión, por los que, asegura, la pagaban 50 pesos por cada uno.

Tiene en su impresionante curriculum periodístico haber sido el primer conductor de una transmisión de televisión en vivo, precisamente el acto protocolario oficial de la toma de posesión de Celso Delgado, desde el Teatro del Pueblo. Además siente el orgullo de haber sido en aquel tiempo parte del primer programa periodístico por televisión (XHKG, canal 2): Análisis Sabatino, consistía en entrevistas a personajes de la vida política, social, económica y artística de Nayarit.

Don Paco Ocampo además de haber impartido en gran número cursos sobre periodismo radiofónico en colegios e institutos de educación privada, es Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Nayarit, amén de haber sido dirigente de organizaciones periodísticas como la APENAC (Asociación de Periodistas y Escritores de Nayarit A.C.) y APROCON (Asociación de Profesionales de la Comunicación de Nayarit), entre otras.

Su historial es muy largo de contar. Sólo quiero hacer públicas algunas pinceladas de lo que sido su carrera en la comunicación social, con episodios repletos de creatividad y entereza profesional. Ejerce el periodismo comprometido socialmente, pero además con los hechos y no solamente con los dichos. Sin duda, don Paco Ocampo ya forma parte de la memoria histórica de Nayarit ¡En buena hora!

En esta visita dos cosas comprobé, y de ello también fueron testigos los periodistas Francisco Cruz Angulo y Marco Vinicio Jaime, que mi compadre Paco Ocampo le es fiel a los Pumas….y al cigarro. Nos recibió vistiendo una camisola del equipo universitario de futbol, y entre sus dedos de la mano derecha un largo cigarrillo color blanco, mismo que consumió con placer intenso.

En la funeraria, donde desde este primero de junio fueron velados sus restos, su hijo Pako me comentó que la camisola de los pumas fue lo primero que le pusieron al cadáver cuando lo vistieron, que sobre el ataúd colocarían una banderola de ese equipo de fútbol (en esos momentos estaba en confección por una costurera), porque fue uno de sus deseos. También dentro de la caja mortuoria colocaron una cajetilla de cigarros, pero les faltó echar una botella de buen vino, pues mi compadre Paco Ocampo toda su vida fue adorador del Dios Baco ¡Craso error!

Vale pues, dicho radiofónico que hizo famoso al término del comentario editorial muere junto con don Paco Ocampo.

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