Tortillero lujurioso
Oscar González Bonilla ·
27 de junio, 2025 ·
Hace 218 días
Una joven vecina en la unidad habitacional El Mirador en Tepic, de cercana amistad con mi familia, me comentó lo siguiente con la idea que lo hiciera público porque sabe que me dedico al chisme (así le dicen al periodista).
Una mañana de este verano, mi vecina, de excelentes atributos físicos, de imagen encantadora, además madre soltera, tuvo necesidad de ir al changarro de la esquina. Cuando caminaba de regreso, observó que a prudente distancia la seguía un vendedor de tortillas en moto.
En el momento que llegó a la puerta de su casa, el tipo como de 33-35 años de edad súbitamente la abordó muy cerca trepado en la moto para preguntarle sobre la ubicación de cierta calle. No lo sé, le respondió ella.
Luego el supuesto vendedor de tortillas (en la parte de atrás de la moto traía un aditamento para la conservación del alimento) le dijo: ¡hay mamacita, qué buena estás!, al mismo tiempo que bajaba el cierre de su pantalón y al desnudo le mostró el pene.
Espantada mi vecina por el atrevimiento, tan sólo le espetó una sonora mentada de madre, por lo que el libidinoso tortillero emprendió graciosa huida, exceso de velocidad le imprimió a la motocicleta y se perdió en lontananza.
Hoy mi vecina está pendiente en la observación de cada motociclista que transita por la calle donde vive, con la idea de avistar al tipejo para reclamar su lascivo proceder en conjunto con vecinos hombres, con los que ya se puso de acuerdo.
¿Aquí qué aplica?
Una mañana de este verano, mi vecina, de excelentes atributos físicos, de imagen encantadora, además madre soltera, tuvo necesidad de ir al changarro de la esquina. Cuando caminaba de regreso, observó que a prudente distancia la seguía un vendedor de tortillas en moto.
En el momento que llegó a la puerta de su casa, el tipo como de 33-35 años de edad súbitamente la abordó muy cerca trepado en la moto para preguntarle sobre la ubicación de cierta calle. No lo sé, le respondió ella.
Luego el supuesto vendedor de tortillas (en la parte de atrás de la moto traía un aditamento para la conservación del alimento) le dijo: ¡hay mamacita, qué buena estás!, al mismo tiempo que bajaba el cierre de su pantalón y al desnudo le mostró el pene.
Espantada mi vecina por el atrevimiento, tan sólo le espetó una sonora mentada de madre, por lo que el libidinoso tortillero emprendió graciosa huida, exceso de velocidad le imprimió a la motocicleta y se perdió en lontananza.
Hoy mi vecina está pendiente en la observación de cada motociclista que transita por la calle donde vive, con la idea de avistar al tipejo para reclamar su lascivo proceder en conjunto con vecinos hombres, con los que ya se puso de acuerdo.
¿Aquí qué aplica?