Sobre accidentes automovilísticos por alcance
Sergio Mejía Cano ·
14 de julio, 2025 ·
Hace 201 días
Constantemente se dan noticias de accidentes automovilísticos tanto en zonas urbanas como en carreteras. Las circunstancias de cómo pudieron darse este tipo de accidentes, en determinadas circunstancias, se entiende que nada más los involucrados supieron a ciencia cierta cómo fue que ocurrieron, aunque en ocasiones algunos peritos difieran de lo dicho por los involucrados si es si sobreviven, como por algunos testigos si los hubiere.
En calles y avenidas de las zonas urbanas se podrían dar casos de accidentes por alcance por determinadas circunstancias como por ejemplo, que una persona que va detrás de otro vehículo sin guardar la distancia prudente y el carro de adelante frena bruscamente por equis motivos, ya sea porque alguien se le atravesó o por ponerse el semáforo en alto o tal vez por notar algún tope u otro obstáculo, etcétera o, posiblemente que, a pesar de llevar buena distancia quien conduce detrás de otro vehículo va distraído tal y como ha sucedido hoy en día en que el teléfono móvil distrae a muchas personas que van manejando algún tipo de vehículo ya sea automotriz o de tracción humana como una bicicleta.
Sin embargo, son los accidentes en carretera los que llaman más la atención y más, cuando el alcance se da contra otro vehículo que está detenido en un acotamiento, ya que en estos casos se podría determinar que la persona que conducía el vehículo que alcanzó se quedó dormida o iba tal vez distraída o a la mejor perdió momentáneamente el control de su vehículo haciéndola orillar y, por lo mismo, golpear al vehículo que está estacionado en el acotamiento.
Lo malo es cuando un alcance se da en cualquiera de los carriles de circulación, pues en estos casos las circunstancias podrían ser varias y del porqué se quedó detenido un vehículo en estos carriles y más peligroso si hay curvas de por medio; aunque se han dado casos de que han sucedido accidentes de alcances en línea recta, por lo que en estos casos sí que está de pensarse cómo fue que se dieron este tipo de accidentes, ya que podría ser que de pronto un vehículo perdió potencia por equis circunstancias y quien lo conduce se tiene que detener por lo mismo o el vehículo se detuvo sin motivo aparente y sin que quien lo conduce pueda hacer algo al respecto en el preciso momento y, más peligroso aún si es una carretera muy transitada.
Hace muchos años, muchos, quizá allá por los años 70 del siglo pasado, en algún tipo de información de esa que aparece en algún lado o tal vez en folletos emitidos por los departamentos de tránsito, etcétera, recuerdo haber visto y leído uno que recomendaba a toda persona que condujera un vehículo automotriz portar en su cajuela o maletero triángulos, conos o fantasmas con reflejante de advertencia, para en caso de quedar detenidos en alguna calle los pusieran a determinada distancia de sus vehículos para advertir que más adelante había un vehículo detenido; sobre todo para salir a carretera, así como llevar siempre a mano una linterna sorda, por si algo ocurría ya en la noche.
Recuerdo que en aquel folleto decía que si un vehículo detenía su marcha por determinadas circunstancias y si quien lo conducía no podía orillarse hacia la derecha, de inmediato caminara hacia atrás para colocar los triángulos, conos o fantasmas en señal de advertencia; sin embargo, al parecer esta práctica quedó en desuso para mucha gente, pues he preguntado a conocidos, amigos y hasta a familiares si al menos traen una linterna y la mayoría responde que no, para nada. Claro que sí hay gente prevenida y que sí traen estos artículos en su vehículo, por aquello de no te entumas.
En el antiguo sistema estándar con el que se manejaban los trenes, en el reglamento de transportes estaba la regla número 99 que, groso modo decía que, si un tren detenía su marcha en circunstancias tales de ser alcanzado por otro tren, el garrotero abanderado tenía que retroceder hacia la parte posterior de ese tren detenido portando petardos y luces de bengala para detener al posible tren que se aproximara. El abanderado tenía que poner un petardo a 500 metros de distancia desde la parte posterior de su tren, aumentando la distancia a un kilómetro en donde colocaría dos petardos distanciados a dos rieles, es decir, aproximadamente 15 metros entre uno y otro petardo; pero, si en esa zona había túneles, neblina, lluvia, pendientes de descenso u otras, el abanderado tenía que aumentar la distancia hasta kilómetro y medio desde la parte posterior de su tren.
Sea pues. Vale.
En calles y avenidas de las zonas urbanas se podrían dar casos de accidentes por alcance por determinadas circunstancias como por ejemplo, que una persona que va detrás de otro vehículo sin guardar la distancia prudente y el carro de adelante frena bruscamente por equis motivos, ya sea porque alguien se le atravesó o por ponerse el semáforo en alto o tal vez por notar algún tope u otro obstáculo, etcétera o, posiblemente que, a pesar de llevar buena distancia quien conduce detrás de otro vehículo va distraído tal y como ha sucedido hoy en día en que el teléfono móvil distrae a muchas personas que van manejando algún tipo de vehículo ya sea automotriz o de tracción humana como una bicicleta.
Sin embargo, son los accidentes en carretera los que llaman más la atención y más, cuando el alcance se da contra otro vehículo que está detenido en un acotamiento, ya que en estos casos se podría determinar que la persona que conducía el vehículo que alcanzó se quedó dormida o iba tal vez distraída o a la mejor perdió momentáneamente el control de su vehículo haciéndola orillar y, por lo mismo, golpear al vehículo que está estacionado en el acotamiento.
Lo malo es cuando un alcance se da en cualquiera de los carriles de circulación, pues en estos casos las circunstancias podrían ser varias y del porqué se quedó detenido un vehículo en estos carriles y más peligroso si hay curvas de por medio; aunque se han dado casos de que han sucedido accidentes de alcances en línea recta, por lo que en estos casos sí que está de pensarse cómo fue que se dieron este tipo de accidentes, ya que podría ser que de pronto un vehículo perdió potencia por equis circunstancias y quien lo conduce se tiene que detener por lo mismo o el vehículo se detuvo sin motivo aparente y sin que quien lo conduce pueda hacer algo al respecto en el preciso momento y, más peligroso aún si es una carretera muy transitada.
Hace muchos años, muchos, quizá allá por los años 70 del siglo pasado, en algún tipo de información de esa que aparece en algún lado o tal vez en folletos emitidos por los departamentos de tránsito, etcétera, recuerdo haber visto y leído uno que recomendaba a toda persona que condujera un vehículo automotriz portar en su cajuela o maletero triángulos, conos o fantasmas con reflejante de advertencia, para en caso de quedar detenidos en alguna calle los pusieran a determinada distancia de sus vehículos para advertir que más adelante había un vehículo detenido; sobre todo para salir a carretera, así como llevar siempre a mano una linterna sorda, por si algo ocurría ya en la noche.
Recuerdo que en aquel folleto decía que si un vehículo detenía su marcha por determinadas circunstancias y si quien lo conducía no podía orillarse hacia la derecha, de inmediato caminara hacia atrás para colocar los triángulos, conos o fantasmas en señal de advertencia; sin embargo, al parecer esta práctica quedó en desuso para mucha gente, pues he preguntado a conocidos, amigos y hasta a familiares si al menos traen una linterna y la mayoría responde que no, para nada. Claro que sí hay gente prevenida y que sí traen estos artículos en su vehículo, por aquello de no te entumas.
En el antiguo sistema estándar con el que se manejaban los trenes, en el reglamento de transportes estaba la regla número 99 que, groso modo decía que, si un tren detenía su marcha en circunstancias tales de ser alcanzado por otro tren, el garrotero abanderado tenía que retroceder hacia la parte posterior de ese tren detenido portando petardos y luces de bengala para detener al posible tren que se aproximara. El abanderado tenía que poner un petardo a 500 metros de distancia desde la parte posterior de su tren, aumentando la distancia a un kilómetro en donde colocaría dos petardos distanciados a dos rieles, es decir, aproximadamente 15 metros entre uno y otro petardo; pero, si en esa zona había túneles, neblina, lluvia, pendientes de descenso u otras, el abanderado tenía que aumentar la distancia hasta kilómetro y medio desde la parte posterior de su tren.
Sea pues. Vale.