De bares y correrías de un periodista
Angélica Cureño ·
1 de julio, 2025 ·
Hace 214 días
-PRIMERA DE DOS PARTES-
30 de junio de 2019
Óscar González Bonilla tiene idea clara de qué es el ocio, el tiempo libre y su disfrute. Ejerce el periodismo con respeto a la profesión y durante buen período dedicó el tiempo libre a frecuentar bares, a uno en particular: El Ferrocarril, el mismo que estaba en la calle Durango y luego lo cambiaron a la calle Abasolo.
Este sitio de bebidas alcohólicas al copeo es antiquísimo, según explica el reportero. Y dice que lo sabe porque su madre, Hilda Bonilla Guerrero, quien falleció en 2014 a los 83 años de edad, en vida le contó que cuando ella estudiaba la instrucción primaria en la escuela Francisco I. Madero, que tenía como directora a la maestra Ramona Ceceña, pasaba todos los días por el Ferrocarril del Güero Solano, padre del actual propietario igualmente nombrado. La familia de Doña Hilda vivía por la calle León casi Mina.
Bonilla, como también es conocido en el medio periodístico, es excelente narrador y acucioso en las descripciones. Al solicitarle me concediera una entrevista accedió con agrado y, para sorpresa mía, hasta entregó información extra. Parte del encanto de esta entrevista radica en el lenguaje coloquial. Así inicia su descripción del ambiente que se vivía en El Ferrocarril:
--Es un ambiente relajado, no hay ni siquiera rockola ¿Mujeres? ¡Menos! no creas que te vas a encontrar borrachos, groseros pasados de copas, nada de eso, pura gente tranquila. Entre muchos otros, allí asiste un viejano que fue jefe de prensa en el gobierno de Julián Gascón Mercado, se llama Joaquín Franco Góngora, también fue gerente de Pipsa en Nayarit, el papel que se vendía a los periódicos locales para la elaboración de los mismos.
Habría que precisar que, efectivamente, Joaquín Franco Góngora fue el jefe de la primera Oficina de Prensa oficial del Estado de Nayarit, creada en el mandato de Julián Gascón Mercado; la dependencia ejercía buena bolsa de gastos, estaba incluida en el Presupuesto de Egresos autorizado por el Congreso del Estado "con una amplia visión de difundir las obras y acciones del régimen", según relata el periodista Brígido Ramírez en la columna Momento Político (http://diariogenteypoder.com/nota.php?id=18019. consultada el 20 de noviembre 2016).
Bonilla cuenta con larga historia y 65 años de vida; sin miramientos reconoce que hubiera preferido ser economista, más que periodista hacia allá estuvo encaminada su meta, antes hizo dos intentos por lograrla. "Me empeñaba en ser profesionista", enfatiza. Ingresó a la Escuela de Economía de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) en 1971, pero enfrentó problemas de dinero; a su papá, músico de orquesta, se le complicaba la manutención de cinco hijos. Ya en el terruño, ingresó a la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de Nayarit en la época que el licenciado Luis Chávez Padilla fungía como director de la misma.
Pero afortunadamente Óscar tenía una tía generosa de nombre María del Refugio González, hermana de su papá; ella se convirtió en su mecenas, le enviaba 300 pesos mensuales, producto de una tienda de abarrotes que poseía en la colonia Mololoa, frente a la escuela primaria Ignacio Manuel Altamirano. En la ciudad de México, el grupo de compañeros estudiantes egresados de la Preparatoria Del Nayar vivió en una casa prestada por Sergio "El Chivo" Naya en la colonia Condesa, calle Camargo 10; se separó de la pandilla y se fue a vivir con la familia Cervantes Sánchez, parientes que vivían en la colonia Nueva Santa María, delegación Azcapotzalco. Después les consiguió trabajo en la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA), cuyo titular era Augusto Gómez Villanueva, a varios de sus compañeros nayaritas, un señor de nombre Miguel Arvizu Tiznado, dirigente comunero en Nayarit y el país, pero Bonilla no pudo con el pesado ritmo de escuela y trabajo. Hizo seis semestres de Economía y abandonó la licenciatura para regresar a su tierra e iniciar a trabajar en el Diario del Pacífico, invitado por Emilio Valdez Hernández, en mayo de 1973. Admite que no sabía nada de periodismo, pero ahí aprendió rápido y bien.
Desde muy joven González Bonilla empezó a visitar, y frecuentar, bares y cantinas. Su trabajo, salario y carácter se lo permitían. Laboró siete años en el Diario del Pacífico, después, junto con Rogelio Zúñiga, tuvo la oportunidad de ingresar a Notisistema, empresa radiofónica de información proveniente de Guadalajara, de la familia Díaz Romo. Esta compañía compró algunas estaciones locales a don Jesús Cortez y Barbosa, invidente originario del municipio de Santiago Ixcuintla, entre ellas la XEOO y la única FM que existía en Tepic.
--Siempre he trabajado en formales empresas de la iniciativa privada y que me han pagado muy bien. Una de ellas es Notisistema, firma que en una época nos hacía el pago salarial de 500 pesos diarios, tomando en cuenta la cantidad total de la quincena. El motivo: la devaluación del peso. En ese tiempo fui millonario, aunque por un lapso corto. Me di ese lujo.
Empezó a trabajar en noviembre de 1980, fecha en que arrancó el sistema de noticias por radio en nuestra entidad, en un departamento acondicionado en la parte alta del edificio Vargas, que en Tepic se ubica en la esquina de las calles Puebla y Amado Nervo, y desde ahí los conectaban para transmitir la señal informativa de Notisistema, programas noticiosos que se transmitían todos los días hábiles por cinco estaciones del propio consorcio: dos de Tepic, Santiago Ixcuintla, Ixtlán del Río y Ahuacatlán.
--Eso nos daba la oportunidad de ir a las cantinas y los bares. Era recurrente ir a Los Arcos por la cercanía al centro de trabajo, pues este bar se hallaba en la esquina de Amado Nervo y Querétaro bajo el servicio de su propietario: don José Ocampo. Luego Notisistema-Tepic cambió su sede a la calle Puebla entre Mina y Abasolo, por tanto, las jergas alcohólicas ahora eran en el bar La Alameda, a la vuelta de la esquina, precisamente en Mina y Durango, que inicialmente echó a funcionar Lolo Becerra. En el medio local, ha sido tradición de periodistas acudir a los diferentes bares y cantinas de la ciudad, sobre todo a aquellos que se ponen de moda. Pero no en horas de trabajo. A mí no me ha gustado combinar las dos cosas, o sea, el chupe y luego ir al trabajo.! ¡No, no! Lo hacía el viernes, una vez terminada la faena, ya relajado.
Bonilla narra cómo los viernes por la tarde, ya sin preocupaciones, se iban a la cantina "y con suficiente dinero, te divertías ahí", dice con una pícara sonrisa.
--Acudíamos a las cantinas con los grupos de compañeros periodistas; tratábamos asuntos de la chamba, de la información, también comentábamos del trabajo periodístico de algunos compañeros; además de la convivencia, del trato y todo eso, jugábamos cubilete; otras veces, pues ya entrados en copas, agarrábamos un trío para cantar.
Y en tono casi confidencial agrega: A mí siempre me ha gustado cantar y a algunos compañeros también, pasábamos un rato agradable en la cantina. Después, cuando se hacía más tarde -y traíamos dinero-, nos íbamos a la zona roja y la seguíamos, pero ya era parranda.
Óscar describe cómo el beber fuera de las cantinas tenía otro ritmo: no era una cerveza ni dos ¡No. ¡No había freno! pero reitera: solo era en fin de semana.
Él, igual que sus compañeros bebían de todo: cerveza, tequila, brandy, wiski y hasta coñac ¡lo qué fuera! "Ya cuando a uno se le pasaban las cucharadas ¡pues lo que cayera! También hace alusión, al igual que otros entrevistados, la época en que estuvo de moda la ingesta del ron Bacardi, solera "quemadito."
¿Cuántas cantinas o bares conociste?
--Aquí en Tepic no te puedo decir tres, cuatro o cinco ¡conocí la inmensa mayoría, casi todas! Y a continuación explica cómo ha cambiado la dinámica de acudir a las cantinas.
--Había en ese tiempo muchas más cantinas, aunque ya hacían presencia centros botaneros. Nosotros íbamos exclusivamente a las cantinas, a los bares.
¿Cuáles eran los bares que tú frecuentabas?
--Por ejemplo, el Bar Tepic, el bar la Alameda, La Posta, El Ferrocarril, El Álica…. Era infinidad de cantinas, de preferencia en el centro de Tepic. Otro bar llamado El Obrero por la calle Querétaro entre Lerdo y Amado Nervo. Ya estaba La Recta Final, luego un bar que estaba en el fraccionamiento Las Aves, La Guarida del Zorro. Casi todos los conocía. La Cima, Los Tejabanes, El Bar del Prado también, El Nivel, La Posta, Las Calandrias, Casino (adyacente al Casino Tepic de Lerdo y Durango), el bar del hotel San Jorge, en fin, otro al lado del hotel Nayarit por calle Zapata, más adelante el bar de Beto y su hermana Guille, un número interminable. Por cierto, yo nací al otro lado de una cantina, que mi madre me decía se llamaba Arriba y Abajo, ubicada por la calle Juárez, hoy Amado Nervo, entre Querétaro y La Paz.
CONTINUARÁ
30 de junio de 2019
Óscar González Bonilla tiene idea clara de qué es el ocio, el tiempo libre y su disfrute. Ejerce el periodismo con respeto a la profesión y durante buen período dedicó el tiempo libre a frecuentar bares, a uno en particular: El Ferrocarril, el mismo que estaba en la calle Durango y luego lo cambiaron a la calle Abasolo.
Este sitio de bebidas alcohólicas al copeo es antiquísimo, según explica el reportero. Y dice que lo sabe porque su madre, Hilda Bonilla Guerrero, quien falleció en 2014 a los 83 años de edad, en vida le contó que cuando ella estudiaba la instrucción primaria en la escuela Francisco I. Madero, que tenía como directora a la maestra Ramona Ceceña, pasaba todos los días por el Ferrocarril del Güero Solano, padre del actual propietario igualmente nombrado. La familia de Doña Hilda vivía por la calle León casi Mina.
Bonilla, como también es conocido en el medio periodístico, es excelente narrador y acucioso en las descripciones. Al solicitarle me concediera una entrevista accedió con agrado y, para sorpresa mía, hasta entregó información extra. Parte del encanto de esta entrevista radica en el lenguaje coloquial. Así inicia su descripción del ambiente que se vivía en El Ferrocarril:
--Es un ambiente relajado, no hay ni siquiera rockola ¿Mujeres? ¡Menos! no creas que te vas a encontrar borrachos, groseros pasados de copas, nada de eso, pura gente tranquila. Entre muchos otros, allí asiste un viejano que fue jefe de prensa en el gobierno de Julián Gascón Mercado, se llama Joaquín Franco Góngora, también fue gerente de Pipsa en Nayarit, el papel que se vendía a los periódicos locales para la elaboración de los mismos.
Habría que precisar que, efectivamente, Joaquín Franco Góngora fue el jefe de la primera Oficina de Prensa oficial del Estado de Nayarit, creada en el mandato de Julián Gascón Mercado; la dependencia ejercía buena bolsa de gastos, estaba incluida en el Presupuesto de Egresos autorizado por el Congreso del Estado "con una amplia visión de difundir las obras y acciones del régimen", según relata el periodista Brígido Ramírez en la columna Momento Político (http://diariogenteypoder.com/nota.php?id=18019. consultada el 20 de noviembre 2016).
Bonilla cuenta con larga historia y 65 años de vida; sin miramientos reconoce que hubiera preferido ser economista, más que periodista hacia allá estuvo encaminada su meta, antes hizo dos intentos por lograrla. "Me empeñaba en ser profesionista", enfatiza. Ingresó a la Escuela de Economía de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) en 1971, pero enfrentó problemas de dinero; a su papá, músico de orquesta, se le complicaba la manutención de cinco hijos. Ya en el terruño, ingresó a la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de Nayarit en la época que el licenciado Luis Chávez Padilla fungía como director de la misma.
Pero afortunadamente Óscar tenía una tía generosa de nombre María del Refugio González, hermana de su papá; ella se convirtió en su mecenas, le enviaba 300 pesos mensuales, producto de una tienda de abarrotes que poseía en la colonia Mololoa, frente a la escuela primaria Ignacio Manuel Altamirano. En la ciudad de México, el grupo de compañeros estudiantes egresados de la Preparatoria Del Nayar vivió en una casa prestada por Sergio "El Chivo" Naya en la colonia Condesa, calle Camargo 10; se separó de la pandilla y se fue a vivir con la familia Cervantes Sánchez, parientes que vivían en la colonia Nueva Santa María, delegación Azcapotzalco. Después les consiguió trabajo en la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA), cuyo titular era Augusto Gómez Villanueva, a varios de sus compañeros nayaritas, un señor de nombre Miguel Arvizu Tiznado, dirigente comunero en Nayarit y el país, pero Bonilla no pudo con el pesado ritmo de escuela y trabajo. Hizo seis semestres de Economía y abandonó la licenciatura para regresar a su tierra e iniciar a trabajar en el Diario del Pacífico, invitado por Emilio Valdez Hernández, en mayo de 1973. Admite que no sabía nada de periodismo, pero ahí aprendió rápido y bien.
Desde muy joven González Bonilla empezó a visitar, y frecuentar, bares y cantinas. Su trabajo, salario y carácter se lo permitían. Laboró siete años en el Diario del Pacífico, después, junto con Rogelio Zúñiga, tuvo la oportunidad de ingresar a Notisistema, empresa radiofónica de información proveniente de Guadalajara, de la familia Díaz Romo. Esta compañía compró algunas estaciones locales a don Jesús Cortez y Barbosa, invidente originario del municipio de Santiago Ixcuintla, entre ellas la XEOO y la única FM que existía en Tepic.
--Siempre he trabajado en formales empresas de la iniciativa privada y que me han pagado muy bien. Una de ellas es Notisistema, firma que en una época nos hacía el pago salarial de 500 pesos diarios, tomando en cuenta la cantidad total de la quincena. El motivo: la devaluación del peso. En ese tiempo fui millonario, aunque por un lapso corto. Me di ese lujo.
Empezó a trabajar en noviembre de 1980, fecha en que arrancó el sistema de noticias por radio en nuestra entidad, en un departamento acondicionado en la parte alta del edificio Vargas, que en Tepic se ubica en la esquina de las calles Puebla y Amado Nervo, y desde ahí los conectaban para transmitir la señal informativa de Notisistema, programas noticiosos que se transmitían todos los días hábiles por cinco estaciones del propio consorcio: dos de Tepic, Santiago Ixcuintla, Ixtlán del Río y Ahuacatlán.
--Eso nos daba la oportunidad de ir a las cantinas y los bares. Era recurrente ir a Los Arcos por la cercanía al centro de trabajo, pues este bar se hallaba en la esquina de Amado Nervo y Querétaro bajo el servicio de su propietario: don José Ocampo. Luego Notisistema-Tepic cambió su sede a la calle Puebla entre Mina y Abasolo, por tanto, las jergas alcohólicas ahora eran en el bar La Alameda, a la vuelta de la esquina, precisamente en Mina y Durango, que inicialmente echó a funcionar Lolo Becerra. En el medio local, ha sido tradición de periodistas acudir a los diferentes bares y cantinas de la ciudad, sobre todo a aquellos que se ponen de moda. Pero no en horas de trabajo. A mí no me ha gustado combinar las dos cosas, o sea, el chupe y luego ir al trabajo.! ¡No, no! Lo hacía el viernes, una vez terminada la faena, ya relajado.
Bonilla narra cómo los viernes por la tarde, ya sin preocupaciones, se iban a la cantina "y con suficiente dinero, te divertías ahí", dice con una pícara sonrisa.
--Acudíamos a las cantinas con los grupos de compañeros periodistas; tratábamos asuntos de la chamba, de la información, también comentábamos del trabajo periodístico de algunos compañeros; además de la convivencia, del trato y todo eso, jugábamos cubilete; otras veces, pues ya entrados en copas, agarrábamos un trío para cantar.
Y en tono casi confidencial agrega: A mí siempre me ha gustado cantar y a algunos compañeros también, pasábamos un rato agradable en la cantina. Después, cuando se hacía más tarde -y traíamos dinero-, nos íbamos a la zona roja y la seguíamos, pero ya era parranda.
Óscar describe cómo el beber fuera de las cantinas tenía otro ritmo: no era una cerveza ni dos ¡No. ¡No había freno! pero reitera: solo era en fin de semana.
Él, igual que sus compañeros bebían de todo: cerveza, tequila, brandy, wiski y hasta coñac ¡lo qué fuera! "Ya cuando a uno se le pasaban las cucharadas ¡pues lo que cayera! También hace alusión, al igual que otros entrevistados, la época en que estuvo de moda la ingesta del ron Bacardi, solera "quemadito."
¿Cuántas cantinas o bares conociste?
--Aquí en Tepic no te puedo decir tres, cuatro o cinco ¡conocí la inmensa mayoría, casi todas! Y a continuación explica cómo ha cambiado la dinámica de acudir a las cantinas.
--Había en ese tiempo muchas más cantinas, aunque ya hacían presencia centros botaneros. Nosotros íbamos exclusivamente a las cantinas, a los bares.
¿Cuáles eran los bares que tú frecuentabas?
--Por ejemplo, el Bar Tepic, el bar la Alameda, La Posta, El Ferrocarril, El Álica…. Era infinidad de cantinas, de preferencia en el centro de Tepic. Otro bar llamado El Obrero por la calle Querétaro entre Lerdo y Amado Nervo. Ya estaba La Recta Final, luego un bar que estaba en el fraccionamiento Las Aves, La Guarida del Zorro. Casi todos los conocía. La Cima, Los Tejabanes, El Bar del Prado también, El Nivel, La Posta, Las Calandrias, Casino (adyacente al Casino Tepic de Lerdo y Durango), el bar del hotel San Jorge, en fin, otro al lado del hotel Nayarit por calle Zapata, más adelante el bar de Beto y su hermana Guille, un número interminable. Por cierto, yo nací al otro lado de una cantina, que mi madre me decía se llamaba Arriba y Abajo, ubicada por la calle Juárez, hoy Amado Nervo, entre Querétaro y La Paz.
CONTINUARÁ