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Bertha Álvarez mujer, simplemente periodista

Gregorio Miranda (qepd)  ·  19 de mayo, 2025  ·  Hace 258 días
La conocí hace algún tiempo, o mejor, supe de ella cuando la vi acompañada de un camarógrafo. Iban en busca de la noticia para llevarla a la sociedad nayaritense por RTN.  Luego la vi en aquel diplomado en periodismo que organizaron el Colegio de Periodistas y la APROCON en convenio con la Universidad Autónoma de Nayarit, a mediados de los años 90 del siglo 20.

Siempre sonriente, entusiasta. Se nota que le gusta su profesión: El Periodismo.

Es una mujer muy ocupada, emprendedora, de carácter firme y decidida a lograr sus propósitos, con un proyecto de vida bien definido.

Además, es simpática, sencilla y emotiva, muy sensible. Sus emociones están a flor de piel y sus expresivos ojos delatan su estado de ánimo.

Es conocida y apreciada en el gremio periodístico.

Con esos atributos era suficiente para intentar una entrevista con Bertha Álvarez, me dije, pero no quise hacer un retrato hablado de ella sin conocerla más, pensé en pedir me concediera un poco de su tiempo para que me hablara de ella misma. No es fácil encontrarla disponible, siempre está activa, metida de lleno en su pasión: el periodismo.

Un día del mes de septiembre (2012) la encontré en el Café Diligencias; platicaba con sus colegas periodistas. Mi cámara se puso a trabajar y en especial le pedí a ella me diera la oportunidad de una conversación cuyo tema sería ella misma: su vida y obra como periodista.

Con su sonrisa franca y con gran sencillez escuchó mi proyecto de intentar semblanzas biográficas de quienes se dedican al periodismo en Tepic. La presencia de Elías Maldonado, periodista, director de Censura y amigo de ella ayudó mucho en mi solicitud.

Bertha aceptó tener la conversación, fijamos hora y fecha para la entrevista: miércoles 5 de septiembre a las 18 horas en Diligencias. Preparé mis arreos para grabar la conversación. Una hora antes de lo convenido, Bertha me llamó para avisar que llegaría un poco tarde. Comprensivo que soy le dije que estaba bien. Dijo que llegaría hacia las 6 y media o siete de la tarde. Bien, le dije, ahí estaré.

Aproveché ese lapso para ir a ver a los danzoneros que miércoles a miércoles se reúnen en la plaza principal de Tepic para vivir sus sueños, para forjar ilusiones “cuando la tarde ha caído”.

A las seis y media ya estaba llegando yo al Diligencias. Había poca gente. Aproveché para revisar mi equipo de trabajo: grabadora, cámara fotográfica, libreta de apuntes…

Pedí una limonada. De vez en vez, disimuladamente veía con impaciencia la entrada del café. Bertha no llegaba. Empecé a ponerme nervioso. ¿Y si había cambiado d opinión? A lo mejor decidió no concederme la entrevista, pensé. Ya eran más de las siete y nada. La señora que atiende a los clientes me miraba con conmiseración. 

Las 7 con 15 minutos.

César Cruz estaba tomando un café. Quiso platicar conmigo, pero yo ya había tomado mis arreos. Fui a pagar mi consumo. La señora del café me dijo: lo dejaron solo, ¿verdad?

Sonreí, o creí sonreír a la atención de la señora. Me despedí de César y salí a la calle. Me sentía un poco frustrado. Me dije que lo más seguro es que Bertha había tenido un compromiso de trabajo. Entendí que el trabajo es primero. Empecé a caminar por la avenida México, la oscuridad empezaba a caer.

¡Sonó el timbre de mi móvil! Rápido contesté. ¡Era Bertha! Me avisaba que estaba llegando al café. Ofreció sus disculpas. Me hice el digno, dije que ya iba rumbo a mi casa. Ella propuso que nos reuniéramos al día siguiente, a la misma hora, en el mismo lugar. No pude, ni quise negarme. En realidad, yo sí quería escuchar sus confesiones, conocer su vida y obra.

Y llegó el jueves. Faltaban 15 minutos para la hora convenida. Yo estaba llegando al café. Las seis de la tarde. Esta vez no abrí mi mochila, pensé que si Bertha no llegaba simplemente tomaría mi mochila de la Segunda Guerra Mundial y regresaría a casa. Las 6 con tres minutos…

¡Ahí estaba Bertha! Sonriente, atenta…

Bertha muestra orgullosa su periódico

Me porté como caballero que soy. Le di la bienvenida. Agradecí su presencia, pero no me “avoracé” con la entrevista. La dejé que saludara a algunas personas que había en el café: a don Brígido Ramírez Guillén decano del periodismo en Nayarit, a un licenciado, a mi amigo César…

Con lentitud saqué mi grabadora nueva, mi libreta de apuntes… Quise echar a funcionar la grabadora, pero “no daba pies con bola”. No sé cómo funcionan esas cosas de la tecnología actual. Le dije a Bertha mi problema con la grabadora. Ella traía la suya y dijo que se podría grabar. Le moví a mi grabadora ¡empezó a funcionar!

Y así pude conocer gran parte de la vida y obra de Bertha Álvarez, periodista, mujer íntegra, apasionada de su profesión. Fue una plática muy interesante, descubrí aspectos de la vida de una mujer que no imaginaba…

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