Zacarías Arce Plazola: actor que rechazó representación gay, es macho de Jalisco
Oscar González Bonilla ·
25 de octubre, 2026 ·
Hace 10 h
Nace en San Sebastián del Oeste, Jalisco, paso obligado de miles de peregrinos que cuando menos dos fechas por año van a rendirle pleitesía a la virgen de Talpa, Zacarías Arce Plazola es prototipo de quien tiene verdadero interés de abrirse paso en la vida fuera de su solar natío.
Salió primeramente hacia Guadalajara cuando todavía no cumplía 18 años de edad (su fecha de nacimiento es 22 de marzo de 1952), pues su infancia transcurrió, no como la de los niños ordinarios con base en juegos, sino con dedicación plena al trabajo, tanto así que Zacarías considera que la niñez no la gozó. Desde el comienzo de sus estudios de primaria fue trabajar duro en acarrear leña, en la crianza de cerdos, ayudante en el manejo de reses y en quehaceres de la agricultura.
“Sentí que (San Sebastián) no era para mí. En Guadalajara permanecí más de dos años al lado de un primo de oficio sastre. Él me enseñó a cortar y coser para hacer pantalones. La verdad no me gustó la sastrería”. Entonces se vino a Tepic en 1974. Lo recuerda como si fuera ayer. Un día de mayo, a las tres de la tarde, arribaron a la capital nayarita él y un hermano, quien le pidió fueran a saludar a una tía que vivía en la colonia Menchaca.
Dice que en ese tiempo estaba en construcción parte de la Normal Superior de Nayarit donde logró atisbar un anuncio de solicitud de peones. De inmediato fue a buscar trabajo y se lo dieron en esa obra. Laboró de mayo a octubre, ya que el 28 de este último mes entró, de pura casualidad, a trabajar en la Universidad Autónoma de Nayarit. Cuenta que su hermano le dio el pitazo de una vacante en la Preparatoria Uno, acudió, pero le advirtieron que debería hacer méritos. Transcurridos cinco meses, Zacarías obtuvo la plaza, la que asegura le tenían asignada desde su ingreso, pero no se lo dijeron, por lo que considera que no le tocó “hacer méritos de nada”.
Sin embargo, se desempeñó como conserje. Argumenta que su trabajo era barrer, trapear y limpiar sillas y pizarrón por fuerza en ocho salones de clase, pero además gran parte del patio de la Prepa Uno que debía dejar bien limpio.
A Zacarías Arce Plazola correspondió vivir etapas convulsivas en la Universidad de Nayarit, preludio de la consolidación del sindicalismo universitario, reflejado en el sindicato de empleados y trabajadores de la máxima casa de estudios, conocido como SETUAN. “Yo fui de los que les tocó estar en las meramente huelgas, en las huelgas pesadas. En la guardia de rectoría nos pasamos navidades, aguantando el frío y sin recibir nada”. Después de ese movimiento de huelga en exigencia de mejores condiciones laborales, nuestro personaje central asegura que “nos sacaron de la Prepa Uno y nos mandaron a machetear zonas de la Ciudad de la Cultura”.
Fue testigo presencial de la masacre a trabajadores, aquel aciago 20 de febrero de 1979. Narra que el contingente se desplazó por la mañana de la explanada del ex convento de La Cruz con destino a la torre de rectoría en la Ciudad de la Cultura, por ello marcharon sobre el boulevard Tepic-Xalisco. Porque iba al frente de la marcha, portando una manta alusiva, no se borra de su mente cuando los “guaruras” (policías universitarios pagados por el rector Petronilo Díaz Ponce Abundis) les impidieron el paso al tiempo que uno de ellos gritó: “métanles a los cabrones. Entonces se armó la garrotiza, trompadas, cadenazos y nomás rodaban por el suelo. Luego vinieron los balazos; nos tocó ver como al bajar de un vehículo acribillaron a El Pato Chávez, mientras por la fuerza bajaron de su carro a don Ramón (Jiménez Vizcarra) y lo mataron a balazos, y al último dieron muerte a don Pedrito (De Alba Durón). Todo eso lo vimos”.
Pasó a la escuela de Ingeniería Química, donde dice Zacarías que tuvo problemas con un maestro por cuestiones de la política universitaria, por lo que fue enviado al Departamento de Mantenimiento en el que permaneció buen rato hasta alcanzar el grado de oficial de pintor. Luego lo jalaron a trabajar con el equipo de futbol de tercera división, denominado “Académicos” de la Universidad Autónoma de Nayarit. Desaparecido el equipo, Arce Plazola se integró a Actividades Deportivas al lado del Profesor Alberto Aguilera, donde después de 28 años de servicio alcanzó la jubilación.
Está enteramente consciente que dentro de la Universidad Autónoma de Nayarit tuvo carrera ascendente, pues de conserje considera que llegó al nivel de un profesor de deportes, aunque sin título. Fueron tales sus méritos que logró la jubilación con base en tiempo completo.
Pero Zacarías Arce Plazola también aprendió a hacer tacos de cabeza de res. Durante 15 años trabajó por las noches, alternando su quehacer en la UAN, en una taquería que se ubicó por la avenida México entre Bravo y Victoria. Supo de la manera como se cuece y prepara la cabeza de res para enseguida despachar sabrosos tacos. “Nunca quise dejar mi trabajo en la universidad, porque sabía que ahí estaba mi futuro”.
Hoy forma parte del grupo “Júbilo, Colectivo Escénico” que tiene su origen en los jubilados del Sindicato de Empleados y Trabajadores de la Universidad Autónoma de Nayarit (SETUAN). Es uno de los actores que integran el elenco de la obra Farsa y Justicia del Señor Gobernador que dirige Octavio Campa Hernández.
Explica que con mucho entusiasmo llegó al grupo de teatro invitado por sus compañeros jubilados Luz María Montaño Torres y su compadre Pablo de Santiago. Movido por la curiosidad se integró, pero lo más fabuloso es que le gustó la actividad escénica.
De inicio en la obra alternaba la representación del Posadero con el Monkey Gutiérrez, lo cual le motivó enormemente. Asegura que todas las mañanas estudiaba el libreto, incluso una de sus hijas le ayudó a memorizar. Por las noches, acostado, repetía sus parlamentos. Quería ganarse el papel, por ello rápido los aprendió de memoria. Pero donde ya no le gustó, fue cuando el director pidió la interpretación de un personaje amanerado, gay. Entonces se hizo a un lado para dar paso a su compañero.
Pero no se amilanó, con mucho entusiasmo dio vida a un guardia, soldados que protegen al señor gobernador. Aunque su papel fue muy pequeño, se siente muy a gusto de formar parte del grupo que lo colmó de atenciones y compañerismo.
Salió primeramente hacia Guadalajara cuando todavía no cumplía 18 años de edad (su fecha de nacimiento es 22 de marzo de 1952), pues su infancia transcurrió, no como la de los niños ordinarios con base en juegos, sino con dedicación plena al trabajo, tanto así que Zacarías considera que la niñez no la gozó. Desde el comienzo de sus estudios de primaria fue trabajar duro en acarrear leña, en la crianza de cerdos, ayudante en el manejo de reses y en quehaceres de la agricultura.
“Sentí que (San Sebastián) no era para mí. En Guadalajara permanecí más de dos años al lado de un primo de oficio sastre. Él me enseñó a cortar y coser para hacer pantalones. La verdad no me gustó la sastrería”. Entonces se vino a Tepic en 1974. Lo recuerda como si fuera ayer. Un día de mayo, a las tres de la tarde, arribaron a la capital nayarita él y un hermano, quien le pidió fueran a saludar a una tía que vivía en la colonia Menchaca.
Dice que en ese tiempo estaba en construcción parte de la Normal Superior de Nayarit donde logró atisbar un anuncio de solicitud de peones. De inmediato fue a buscar trabajo y se lo dieron en esa obra. Laboró de mayo a octubre, ya que el 28 de este último mes entró, de pura casualidad, a trabajar en la Universidad Autónoma de Nayarit. Cuenta que su hermano le dio el pitazo de una vacante en la Preparatoria Uno, acudió, pero le advirtieron que debería hacer méritos. Transcurridos cinco meses, Zacarías obtuvo la plaza, la que asegura le tenían asignada desde su ingreso, pero no se lo dijeron, por lo que considera que no le tocó “hacer méritos de nada”.
Sin embargo, se desempeñó como conserje. Argumenta que su trabajo era barrer, trapear y limpiar sillas y pizarrón por fuerza en ocho salones de clase, pero además gran parte del patio de la Prepa Uno que debía dejar bien limpio.
A Zacarías Arce Plazola correspondió vivir etapas convulsivas en la Universidad de Nayarit, preludio de la consolidación del sindicalismo universitario, reflejado en el sindicato de empleados y trabajadores de la máxima casa de estudios, conocido como SETUAN. “Yo fui de los que les tocó estar en las meramente huelgas, en las huelgas pesadas. En la guardia de rectoría nos pasamos navidades, aguantando el frío y sin recibir nada”. Después de ese movimiento de huelga en exigencia de mejores condiciones laborales, nuestro personaje central asegura que “nos sacaron de la Prepa Uno y nos mandaron a machetear zonas de la Ciudad de la Cultura”.
Fue testigo presencial de la masacre a trabajadores, aquel aciago 20 de febrero de 1979. Narra que el contingente se desplazó por la mañana de la explanada del ex convento de La Cruz con destino a la torre de rectoría en la Ciudad de la Cultura, por ello marcharon sobre el boulevard Tepic-Xalisco. Porque iba al frente de la marcha, portando una manta alusiva, no se borra de su mente cuando los “guaruras” (policías universitarios pagados por el rector Petronilo Díaz Ponce Abundis) les impidieron el paso al tiempo que uno de ellos gritó: “métanles a los cabrones. Entonces se armó la garrotiza, trompadas, cadenazos y nomás rodaban por el suelo. Luego vinieron los balazos; nos tocó ver como al bajar de un vehículo acribillaron a El Pato Chávez, mientras por la fuerza bajaron de su carro a don Ramón (Jiménez Vizcarra) y lo mataron a balazos, y al último dieron muerte a don Pedrito (De Alba Durón). Todo eso lo vimos”.
Pasó a la escuela de Ingeniería Química, donde dice Zacarías que tuvo problemas con un maestro por cuestiones de la política universitaria, por lo que fue enviado al Departamento de Mantenimiento en el que permaneció buen rato hasta alcanzar el grado de oficial de pintor. Luego lo jalaron a trabajar con el equipo de futbol de tercera división, denominado “Académicos” de la Universidad Autónoma de Nayarit. Desaparecido el equipo, Arce Plazola se integró a Actividades Deportivas al lado del Profesor Alberto Aguilera, donde después de 28 años de servicio alcanzó la jubilación.
Está enteramente consciente que dentro de la Universidad Autónoma de Nayarit tuvo carrera ascendente, pues de conserje considera que llegó al nivel de un profesor de deportes, aunque sin título. Fueron tales sus méritos que logró la jubilación con base en tiempo completo.
Pero Zacarías Arce Plazola también aprendió a hacer tacos de cabeza de res. Durante 15 años trabajó por las noches, alternando su quehacer en la UAN, en una taquería que se ubicó por la avenida México entre Bravo y Victoria. Supo de la manera como se cuece y prepara la cabeza de res para enseguida despachar sabrosos tacos. “Nunca quise dejar mi trabajo en la universidad, porque sabía que ahí estaba mi futuro”.
Hoy forma parte del grupo “Júbilo, Colectivo Escénico” que tiene su origen en los jubilados del Sindicato de Empleados y Trabajadores de la Universidad Autónoma de Nayarit (SETUAN). Es uno de los actores que integran el elenco de la obra Farsa y Justicia del Señor Gobernador que dirige Octavio Campa Hernández.
Explica que con mucho entusiasmo llegó al grupo de teatro invitado por sus compañeros jubilados Luz María Montaño Torres y su compadre Pablo de Santiago. Movido por la curiosidad se integró, pero lo más fabuloso es que le gustó la actividad escénica.
De inicio en la obra alternaba la representación del Posadero con el Monkey Gutiérrez, lo cual le motivó enormemente. Asegura que todas las mañanas estudiaba el libreto, incluso una de sus hijas le ayudó a memorizar. Por las noches, acostado, repetía sus parlamentos. Quería ganarse el papel, por ello rápido los aprendió de memoria. Pero donde ya no le gustó, fue cuando el director pidió la interpretación de un personaje amanerado, gay. Entonces se hizo a un lado para dar paso a su compañero.
Pero no se amilanó, con mucho entusiasmo dio vida a un guardia, soldados que protegen al señor gobernador. Aunque su papel fue muy pequeño, se siente muy a gusto de formar parte del grupo que lo colmó de atenciones y compañerismo.