Emilio Valdez, fiel testigo del zorrazo
Oscar González Bonilla ·
24 de octubre, 2026 ·
Hace 14 h
Otro acontecimiento imborrable en la vida reporteril de Emilio Valdez Hernández fue conocido como El Zorrazo en el Centro de Rehabilitación Social “Venustiano Carranza” de Tepic, el 22 de diciembre de 1988, siendo gobernador de Nayarit Celso Humberto Delgado Ramírez, trabajo que le valió el premio estatal de periodismo por la descripción cruda de los hechos.
Cuando Los Zorros, equipo de tarea, especializado en asalto, de la policía del Distrito Federal controló la situación al someter a los presos amotinados, se dispusieron a abordar el autobús que los trasladó del aeropuerto, al parecer de Guadalajara, al penal.
Toda vez que ya se encontraban instalados en sus respectivos asientos, recibieron la orden de bajar y en formación a paso veloz entraron al centro penitenciario. Desde fuera se escucharon en el acto descargas de sus armas largas, razón por la que Emilio Valdez dijo a Oscar González Bonilla, quien también como reportero de Notisistema cubrió los sucesos, que pidiera al gobernador Celso Delgado que parara la masacre que intuía por su sensibilidad de reportero.
Pedía que se transmitiera el mensaje, primero porque sabía de la cercanía de González Bonilla con Celso Delgado con quien colaboró en labores de prensa durante la campaña política del priista como candidato a la gubernatura en 1987, y en segundo lugar porque sabía que el gobernador de Nayarit se hallaba en una casa propiedad del licenciado Francisco Ladrón de Guevara, ubicada frente a la penal, desde donde durante más de 24 horas se diseñaron estrategias contra los amotinados entre el gobernador, el Procurador de Justicia, Rodolfo León, y otros personajes. Nada se hizo, tampoco se impidió la orden de ejecutar a cuando menos trece presos amotinados.
Volvió la calma. El silencio ya reinaba. Emilio dice que permaneció en el lugar entre tres y cuatro de la mañana, hora que al penal arribaron trabajadores de la funeraria Ramírez calzando botas de plástico hasta las rodillas. La unidad tan sólo traspasó la enorme puerta de reja. Sacaron cadáveres, incluso pedazos de cuerpo que arrojaron a la camioneta.
Un amigo mío de la funeraria me dijo: Emilio, esto está horrible. El Pozo (sitio de la penal conocido así) está lleno de sangre, están hechos pedazos, restos de masa encefálica en la pared, no sabemos cuántos sean los cuerpos, pero ahí está la masacre.
Después de eso me retiré caminando hasta mi casa, cerca de La Loma. En ese momento el gobernador Celso Delgado ofrecía una conferencia de prensa en palacio de gobierno para justificar el múltiple asesinato, rememora Valdez Hernández.
Cuando Los Zorros, equipo de tarea, especializado en asalto, de la policía del Distrito Federal controló la situación al someter a los presos amotinados, se dispusieron a abordar el autobús que los trasladó del aeropuerto, al parecer de Guadalajara, al penal.
Toda vez que ya se encontraban instalados en sus respectivos asientos, recibieron la orden de bajar y en formación a paso veloz entraron al centro penitenciario. Desde fuera se escucharon en el acto descargas de sus armas largas, razón por la que Emilio Valdez dijo a Oscar González Bonilla, quien también como reportero de Notisistema cubrió los sucesos, que pidiera al gobernador Celso Delgado que parara la masacre que intuía por su sensibilidad de reportero.
Pedía que se transmitiera el mensaje, primero porque sabía de la cercanía de González Bonilla con Celso Delgado con quien colaboró en labores de prensa durante la campaña política del priista como candidato a la gubernatura en 1987, y en segundo lugar porque sabía que el gobernador de Nayarit se hallaba en una casa propiedad del licenciado Francisco Ladrón de Guevara, ubicada frente a la penal, desde donde durante más de 24 horas se diseñaron estrategias contra los amotinados entre el gobernador, el Procurador de Justicia, Rodolfo León, y otros personajes. Nada se hizo, tampoco se impidió la orden de ejecutar a cuando menos trece presos amotinados.
Volvió la calma. El silencio ya reinaba. Emilio dice que permaneció en el lugar entre tres y cuatro de la mañana, hora que al penal arribaron trabajadores de la funeraria Ramírez calzando botas de plástico hasta las rodillas. La unidad tan sólo traspasó la enorme puerta de reja. Sacaron cadáveres, incluso pedazos de cuerpo que arrojaron a la camioneta.
Un amigo mío de la funeraria me dijo: Emilio, esto está horrible. El Pozo (sitio de la penal conocido así) está lleno de sangre, están hechos pedazos, restos de masa encefálica en la pared, no sabemos cuántos sean los cuerpos, pero ahí está la masacre.
Después de eso me retiré caminando hasta mi casa, cerca de La Loma. En ese momento el gobernador Celso Delgado ofrecía una conferencia de prensa en palacio de gobierno para justificar el múltiple asesinato, rememora Valdez Hernández.