Tepic, Nayarit, viernes 17 de setiembre de 2021

Ley de Protección de Agentes Polinizadores y Fomento Apícola

Sergio Mejía Cano

29 de Junio de 2021

Se aprobó en Nayarit, la ley para la protección de las abejas y demás especies polinizadoras, a iniciativa de la diputada aún local, Julieta Mejía Ibáñez. Bien hecho, porque es verdad que estas especies necesitan la mayor protección posible, por ser esenciales prácticamente para la vida en el planeta que habitamos los humanos y que compartimos con los demás reinos vivientes.

 Sin embargo, la mayor protección que podrían recibir estas especies que polinizan a la flora, es no atacarlas, dejarlas libremente que hagan su función que les fue encomendada por la Naturaleza; pero más protección sería, que se prohibieran ya de una vez y para siempre, los cultivos transgénicos que, según se ha documentado constantemente por expertos en la materia, son las semillas transgénicas las que mucho tienen que ver con que se estén diezmando no nada más estas especies, sino hasta la raza humana también, debido a los trasplantes con la química artificial con la que se han estado modificando muchas semillas. Pues de acuerdo a quienes conocen del asunto, las especies polinizadoras, al llegar a estos cultivos se intoxican con los componentes extraños que encuentran o no polinizan tal y como es debido. Porque a nosotros los humanos es más fácil engañarnos que a esas especies que genéticamente ya traen la información de dónde se deben de acercar y hacer sus funciones, por lo que al encontrar otros aromas fuera de lugar o detectar agentes no conocidos, no se llega a completar el ciclo natural de la polinización. Y lo que es peor: muchas de estas especies se han llegado a envenenar.

 Así que ojalá y esta ley se atienda y se le ponga la atención debida y no pase como al parecer está ocurriendo con la ley de plásticos de un solo uso, porque de acuerdo a lo que se ve, las bolsas plásticas se siguen comercializando como si nada; y si bien a algunas se les ha cambiado el color y otras dicen que son reciclables, la consistencia parece ser la misma, lo mismo que los desechables de unicel o poliuretano expandido ( vulgo, hielo seco) que, aunque tengan otro color, al tacto parecen ser igual que los anteriores. Pero esa ya es otra historia.

 Hará cosa de unos dos meses o un poco más, que en algunos medios locales se dio la nota de que en uno de los semáforos de ese cruce de rúas, un enjambre de abejas estaba causando alarma en la esquina de la avenida México y la calle Miñón; ya no se supo qué se hizo con este enjambre, si fue destruido o reubicado. Pero lo que llamó la atención, fue que mucha gente se alarmó tal y como si fuera una especie agresiva y que con tan solo mirar a un humano se le van a dejar ir encima; sin embargo, ya se sabe que esto no es así, pues abejas y avispas no atacan nomás porque sí, sino que lo único que hacen es defender lo suyo; y sí consideran también una agresión un simple manotazo que alguien haga para quitárselas de encima o de su lado, pero está comprobado que si una persona se ve rodeada de abejas o avispas, con tan solo permanecer quieta, nada le hacen.

 Mi papá me comentó que cierto día, estando tres garroteros en el cabús de un tren de carga rumbo a Tepic, en la estación de La Quemada, Jalisco, esperando dar paso a otro tren con rumbo a Guadalajara, como a 20 metros de la vía estaban unos compañeros del departamento de vías y estructuras disfrutando de su hora del lonche, bajo la sombra de unos árboles, y en otro árbol cercano a los reparadores de vía, estaba otro árbol del que pendía un panal de abejas, entonces uno de los garroteros que traía una resortera que, como proyectiles utilizaba unas bolitas de fierro que se transportaban en góndolas para las fundidoras, le tiró al panal diciendo que iba a hacer correr a los compitas de vía; pero cuál va siendo la sorpresa de los garroteros, incluido mi papá, que las abejas, al verse atacadas, no se fueron en contra de los compañeros de vía, sino que se dirigieron directamente hacia el cabús, por lo que tuvieron que encerrarse bien para que no se metieran, poniendo sus toallas y chamarras en los espacios de las ventanas y puertas, y aunque sí lograron meterse algunas abejas al cabús, no fue todo el enjambre que golpeaba el cabús con fiereza tratando de cobrar la afrenta de haberles destruido su panal.  Los compañeros de vía ni se movieron del lugar en donde estaban, pues tal vez ni cuenta se dieron.

 Así que felicidades y enhorabuena por la aprobación de la ley para la protección de las abejas, pues al proteger a estas especies, nos protegemos a nosotros mismos.

 Sea pues. Vale.

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