Tepic, Nayarit, domingo 07 de junio de 2020

Por sus hechos los conoceréis

Oscar González Bonilla

04 de abril de 2020

Me hicieron volver a las andanzas, reincidir en el propósito de aclarar comentarios en redes sociales, principalmente en Facebook, que atañen de manera directa a este escribano, motejado como reportero de la gente.

En fecha muy reciente por allí encontré entrevista que realicé hace siete años a don Edgar Veytia, entonces flamante Fiscal General del Estado por aprobación mayoritaria de diputados de la trigésima legislatura que pastoreó el priista Armando García Jiménez, anuencia legislativa obtenida por la propuesta que para el cargo hizo de Veytia el gobernador de Nayarit, Roberto Sandoval.

La tortura fue el tema que mucho llamó mi atención para la realización de la entrevista en aquel entonces. Fue práctica común de elementos de la policía estatal a disposición del Fiscal Veytia, en los separos adyacentes al edificio de la Fiscalía donde hacinaban a detenidos. Con base en ese tormento obtenían declaraciones de culpabilidad en delitos que se les achacaban. El inhumano castigo físico consistía, sobre todo, en: desnudos son encobijados y alrededor cinta canela, en la nariz el tradicional tehuacanazo, golpes con palmas de las manos en los dos oídos y toques eléctricos en pies y otras partes.

Esto ocurrió precisamente a familiares nuestros del municipio de Santa María del Oro, detenidos por la policía de Veytia bajo la acusación de abigeato y otras lindezas. La denuncia vino directamente de un hermano de Roberto Sandoval, gobernador de Nayarit, dedicado a la crianza de ganado vacuno que tenía afincado en el poblado San Cayetano, municipio de Tepic. Pero en la imputación no dio nombres, tan sólo señaló una camioneta de tal color en la que dizque se habían llevado becerros de su propiedad.

La supuesta indagatoria de la policía de Veytia llevó a la detención de uno de mis familiares dedicado a la compra y venta de ganado y que conducía camioneta del color señalado por el hermano del gobernador. Por la fuerza, sin mayor miramiento, menos contar en mano orden de aprehensión, fue detenido en calle del poblado. Cuando sus familiares se enteraron del asunto, de inmediato pensaron que se trató de un secuestro, pues por la forma violenta de la detención las puertas de la camioneta de simple rodado quedaron abiertas. Se lo habían llevado a los separos de la Fiscalía.

Luego entonces ocurrió la detención de otro de mis familiares, tío del primer aprehendido, bajo la falsa acusación delictiva de emitir documento oficial, conocido como guía, para traslado de ganado robado, según su imaginación. Tiene responsabilidad de inspector ganadero, cargo con la debida acreditación de la unión del ramo. El mismo día fue a parar a los separos de la Fiscalía.

Los dos fueron sometidos al castigo físico que aplicaban policías de Veytia. Además recibieron la amenaza que serían enviados a la penitenciaría estatal, pero mediante negociación podrían evitarlo. Un buen día, muy avanzada la noche lograron su libertad ¿cómo le hicieron? Sus familiares, no sin dificultades, consiguieron reunir los miles de pesos que fueron exigidos por la Fiscalía a cambio de abandonar la prisión.

Al tiempo se corrió la versión de que se confabularon el hermano ganadero del entonces gobernador Roberto Sandoval y el Fiscal Veytia para hacer la jugada ya descrita, pero además mostrar poder y amedrentar al detenido dedicado a la compra y venta de ganado, con el cual el hermano incómodo tenía una cuantiosa deuda económica precisamente por la compra de ganado, mismo que le entregaba en las instalaciones del rastro municipal de Tepic. De esta manera consiguieron borrar la huella del compromiso.

Pero ahora resulta que en los comentarios de cibernautas sobre la entrevista al Fiscal Veytia subida a Facebook, hay una persona que señala que Veytia es mi ídolo, lo cual me parece una desproporción. Al tal Veytia le hice una primera entrevista cuando se ocupaba de seguridad pública y vialidad durante el Ayuntamiento de Tepic que presidió Roberto Sandoval. Enseguida, como Fiscal, le hice como tres entrevistas. Hubo relación entre funcionario y periodista, pero ni siquiera somos amigos.

Recuerdo una ocasión que yo estaba en entrevista periodística con Pedro Antonio Enríquez Soto, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Nayarit, cuando intempestivamente a la oficina entró el Fiscal Veytia e interrumpió el quehacer del reportero. Saludó al magistrado y a mí se dirigió como compañero gran reportero. No tenía por lo menos en su mente grabado mi nombre.

De entre los comentarios también alguien interroga: Oye Oscar ¿Y le creíste todo? Es decir, lo dicho por Veytia en la entrevista. Respondo: no se trata de creer o no. Más bien, en mi caso, realizo el trabajo apegado a la verdad, con la puntual fidelidad de lo expresado por el entrevistado. Con esa premisa de honestidad he tenido la garantía de que nadie en mi luenga carrera periodística me haya reclamado por tergiversar su versión. Creer o no ya corresponde al criterio de cada lector.

Hasta aquí mi disertación. Ahora sí, usted  lector juzgue lo conveniente.

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