Tepic, Nayarit, miércoles 03 de junio de 2020

Ego desinflado

Oscar González Bonilla

12 de marzo de 2020

Más que encorajinado salí y me dediqué a meditar sobre mi personalidad de periodista en condición vulnerable de imagen frente al común de las personas. Haber dejado desde hace años ser reportero que a diario acciona en busca de la nota informativa, provocó demeritar el nombre propio en otro tiempo visto y oído por buen número de ciudadanos, nayaritas en su mayoría, radicados en nuestro territorio como fuera de él.

Con tristeza en mi mente corrían pasajes de aquellos años gloriosos en que  el desempeño de la actividad reporteril era casi fuente de vida. El periodismo socialmente comprometido desde el origen de la actividad fue práctica constante. El salario en empresas con bastante prestigio y seriedad fue siempre bien remunerado. Sin embargo, dentro del flujo pesimista escapaba un aliento de resignación: lo nuevo sustituye a lo viejo.

A cuento viene este razonamiento luego que citado fui, vía telefónica en común acuerdo, por el licenciado Máximino Muñoz de la Cruz, presidente de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos para el Estado de Nayarit (CDDHN), con el fin de realizar entrevista. Llegué minutos antes de la cita: 9:30 horas, a la colonial casona de la avenida México al norte de la ciudad de Tepic que antaño conocí como la Posada Brandy.

Es la sede estatal de la dependencia, donde con anterioridad me había comentado el presidente se desarrollaría un acto denominado Mujeres en la Ciencia, pero haría un espacio para atender al periodista. El escenario estaba debidamente acondicionado en el patio central del inmueble con una carpa, sillas, sonido y demás parafernalia. Mujeres y hombres debidamente uniformados y en su blusa o camisa blanca impresas las siglas de la comisión de derechos humanos. Iban y venían de un lado para otro cumpliendo misión asignada. La asistencia de invitados aún era escasa.

En ese trajinar pregunto a uno de los trabajadores de la dependencia por el licenciado Max y cuál es su oficina. Nada me contesta, sólo con su mano me señala a un par de jóvenes, hombre y mujer, que a corta distancia se hallaban sentados para que a ellos me dirigiera. Así lo hice y solté la misma pregunta. De momento dijeron nada saber del presidente de la comisión de derechos humanos. Pidieron mi nombre, luego entonces el jovencito aseguró que el licenciado Max todavía no llegaba.

Me replegué a la pared para alcanzar la sombra, cerca había la entrada a una oficina. Parado estuve allí en observancia a los acontecimientos, a poca distancia de donde sentados se hallaba la pareja de jóvenes. Miré que el muchacho no me despegaba la vista. La desplazaba de arriba hacia abajo. No sé qué pensó, pero de repente se dio el parón y se dirigió a la puerta de la oficina donde yo cerca me encontraba. De inmediato cerró las rejas de hierro que hacen las veces de puerta y se retiró. Creo que lo hizo como medida de precaución, pues supongo que yo no tengo cara de ratero.

Pasó el tiempo y la asistencia de invitados, previo registro a la entrada, era en poca cantidad. Decidí salir del recinto. En la calle me topé con militares diseminados por la banqueta, mientras frente a la entrada estaba estacionada la unidad en que se transportan. Esperé el arribo del licenciado Max también ante la mirada examinadora del personal armado. Total, opté por retirarme con total sensación de frustración.

Quizá la falta de dinero en el bolsillo para satisfacer necesidad familiar conduce al desvarío como la ocasión presente. Pero el estado de alteración mental por obligación debe ser controlado con el fin de evitar caer en depresión.

En casa, a mi mujer hago ver que es bastante el platillo del desayuno servido, pero responde que es la cantidad necesaria para que tengas suficiente fuerza y hagas con emoción alguna actividad, pues pareciera que andas adormilado. Y es verdad, habrá que esforzarse más en el desempeño como representante social con el propósito de ganar el prestigio perdido, pero lo que es más importante: mantener la credibilidad.

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