Tepic, Nayarit, miércoles 24 de abril de 2024

Al crítico capitalismo mexicano AMLO lo oxigenará

Octavio Camelo Romero

05 de Julio de 2018

Desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto, todos los presidentes de la República siguieron la perversa estrategia de desmantelar al Estado de la Revolución Mexicana para en su lugar construir el Estado Neoliberal Transnacionalizado al servicio del capital transnacional. Este andamiaje jurídico culmina con las Reformas Estructurales y las modificaciones a las leyes secundarias que hizo el actual gobierno de la República. Y junto con ese desmantelamiento del Estado, se aparejó la depauperación de la inmensa mayoría de los mexicanos. AMLO fue sensible a la situación de vida del Pueblo. Andrés Manuel ha sabido interpretar los problemas cruciales del país y las genuinas aspiraciones de la mayoría de los mexicanos. Sin embargo, en ningún momento se ha planteado cambiar el régimen capitalista de producción por uno socialista. A lo sumo se ha planteado recuperar algunas de las conquistas sociopolíticas del pasado y hoy perdidas. Sus planteamientos van en el sentido de moralizar la vida política, de combatir la corrupción, la impunidad y la inmoralidad de los funcionarios; de democratizar la vida política de México, de transparentar el ejercicio del poder y el ejercicio de las finanzas públicas, etc. Sin embargo, estos pronunciamientos han levantado polvareda nacional e internacional.

Ha causado confusión la pretensión de algunos románticos pensadores de ver en López Obrador la ruta hacia el “socialismo” en México. Y es que el término “izquierda” lo han usado una y mil veces para describir situaciones incluso, contradictorias. Por ejemplo AMLO ha dicho que “un partido formado por dirigentes y gobiernos corruptos, que compra votos, reparte migajas, trafica con la pobreza de la gente, que sólo es movido por el interés personal de sus dirigentes y que no lucha sinceramente por la transformación de México, no puede ser considerado de izquierda”. En este sentido, un “partido de izquierda” es aquel que cuenta con dirigentes y gobiernos no-corruptos, honestos, y que no compra votos, no reparte migajas y no trafica con la pobreza de la gente, pero además, que lucha sinceramente por la transformación de México. Desde luego que no se trata de la izquierda socialista, a lo sumo, se está en presencia de una izquierda capitalista o más precisamente, de un romanticismo pequeño burgués. ¿Andrés Manuel López Obrador es un peligro para el capitalismo transnacional? Definitivamente no. En no pocas ocasiones ha afirmado que la alianza es con ciudadanos y militantes de todas las organizaciones políticas y sociales, ‘‘sin que esto implique unirnos con los partidos del régimen’’. ‘‘No somos populistas, autoritarios ni mesiánicos; somos mexicanos que queremos acabar con la impunidad para lograr el renacimiento de nuestra patria; no somos seguidores de ningún gobierno extranjero. No estamos en contra de los empresarios, lo único que buscamos es erradicar la corrupción y los privilegios (…) Afirmar sin titubeos que habrá crecimiento económico, empleos, bienestar y se garantizará tranquilidad y paz’’. O sea, MORENA y sus aliados no se proponen derrocar al capitalismo, más bien se localizan en el reformismo.

Querer ser como Benito Juárez García, Francisco I Madero y Lázaro Cárdenas del Rio en el contexto del “capitalismo transnacional”, es muy loable pero difícil de conseguir. El respeto al derecho ajeno y la autodeterminación de los pueblos, el sufragio efectivo con la no-reelección y la re-nacionalización de la industria petrolera son las mínimas tareas derivadas de los tres presidentes nombrados. Sin embargo, la política social del gobierno de AMLO oxigenará al capitalismo mexicano que se encuentra en una profunda crisis. Ese será el mérito del próximo gobierno de la República. En fin.


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